Nuestro país ha pasado por diferentes planes de ordenación del territorio y las comunicaciones, desde los caminos reales a las actuales autopistas; pero todas ellas hoy se nombran por su orden y número. ¿Por qué las denominamos así? ¿Y por qué las carreteras nacionales (sustituidas en gran parte por autovías) poseen en su nomenclatura números romanos?

La respuesta es muy sencilla  y a la vez nos dará pie a explicar cómo y porqué se denominan con números nuestras carreteras. Parece obvio que la forma más fácil de organizar algo es mediante cifras, asignando un número a la primera, otro a la segunda y así sucesivamente. Pero esto no indicaría de forma clara dónde se encuentra la carretera dentro de nuestro territorio. Por ello, tras la guerra civil española (1936-1939) se creó el Plan General de Obras Públicas, este trataba de reconstruir las infraestructuras destruidas durante la contienda y sentaba las bases de la actual nomenclatura, con siglas de ordenación y números. Veamos qué significan.

De este modo se creó un sistema de coordenadas polares para organizar las carreteras del territorio y, en consecuencia, su nomenclatura. El centro de este sistema se encuentra en Madrid y se definen seis “caminos” principales que dividirán los seis sectores de la península, a los que debemos añadir el séptimo de las Islas Baleares, el octavo de las Islas Canarias y, entonces, el novemos de las posesiones de España en África. Así se definían los sectores quedando como sector “1” el comprendido entre la N-I y la N-II; como sector “2” el comprendido entre la N-II y N-III; y así sucesivamente con todas las radiales. En las islas cada archipiélago constituía un sector por sí mismo. De forma concéntrica a Madrid se trazarían unos círculos cada 100 kilómetros que con los “caminos radiales” crearían una retícula constituida por fragmentos de coronas circulares. Cada uno de estos círculos dará lugar a la segunda cifra de la nomenclatura. Por último se añadiría una tercera cifra que indicase el orden de carretera que se tratase y correlativamente se irían asignando a las diferentes carreteras existentes. Como curiosidad, si el último número es impar se trata de una carretera radial, siendo transversal si se trata de una cifra par este último número.

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En consecuencia la primera cifra de la carretera será el sector al que pertenece; la segunda, la distancia a la que se encuentra el punto de origen de Madrid y la tercera, su orientación y orden. Por ejemplo, la N-120 (Vigo-Logroño). Esta carretera tiene comienzo en el primer sector (Entre la N-I y N-II) en la tercera corona (Logroño se encuentra a menos de 300 km en línea recta) y se trata de una carretera transversal (rodea Madrid). Para distinguir con mayor facilidad los “caminos” principales les fueron asignados números romanos sin otra indicación particular más allá de la propia numeración kilométrica desde la Puerta del Sol de Madrid.

Este Plan también incorporaba la forma en la que se dispondría la numeración kilométrica, comenzando desde Madrid para las radiales o desde el punto más cercano a la Vila y Corte; y las transversales comenzando en el lugar que primero se cite en su denominación y en sentido decreciente en sentido horario, dextrorsum.

Este es el motivo por el que hoy denominamos las carreteras de forma numérica, para situarlas con mayor facilidad y rapidez en el mapa sin llegar a confundirlas con otras que nazcan en lugares con el mismo nombre.