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Mercedes-Benz C63 AMG, un V8 con potencia bruta

Entre los modelos de nuestras retropruebas tenemos alguno de esos que ahora se encuentran en el “purgatorio”, es decir, el momento en el que su precio de adquisición es de los más bajos que pueda alcanzar. Este es el caso del Mercedes-AMG C63 que os traemos esta semana. Se trata del Clase C con mayor motorización (que no el más potente) jamás fabricado. Este cuenta con un motor V8 de 6.2-6.3 litros de cilindrada con encendido americano y geometrías europeas. ¿Qué significa esto? Os lo explicamos a continuación.

AMG es una compañía que lleva integrada en Daimler (matriz de Mercedes-Benz) desde 1999 como una más de sus empresas subsidiarias, pero que desde sus inicios ha realizado trabajos de preparación sobre los modelos de la firma de Stuttgart. El primero de sus modelos era “la cerda roja” y equipaba el motor V8 de la berlina de representación de la época, un motor 6.3. Ahí nace la famosa e interesante denominación “63 AMG”.

AMG utilizó una de las recetas más antiguas que existen para “preparar” sus coches, tomaba el motor más grande que encontrase dentro de la marca y lo montaba en el chasis más pequeño. De este modo no tenía que modificar en profundidad un propulsor sino dedicarle tiempo al chasis y ya tendrían un vehículo competitivo y fiable (debemos recordar que la importancia de la fiabilidad en competición). Tras muchos años trabajando de forma independiente Daimler comienza a comprar acciones de este preparador hasta llegar a la mencionada integración de 1999. Años en los que pocas modificaciones realizaban sobre los motores e incluso trabajaron para otros fabricantes. Una vez llegada la integración, lanzan al mercado el primer AMG bajo el paraguas de Daimler, el Clase C 36 AMG. Un modelo que equipaba un motor de seis cilindros en línea y 3.6 litros de cilindrada.

¿Por qué os cuentos esto? Pues porque el Mercedes-Benz C63 AMG es el último Clase C en utilizar esta nomenclatura, ahora todos se denominan Mercedes-AMG C63. También han perdido la concordancia numérica con la cilindrada del propulsor, el nuevo es un 4.0 litros biturbo (cosas de china). Y viendo cómo se está poniendo el mercado, las diferentes normativas de emisiones, la fiscalidad china que penaliza los propulsores con un cubicaje superior a los 4.0 litros y demás… Posiblemente estemos ante el último propulsor atmosférico de la firma de Affalterbach. Otra de sus curiosidades es que este motor fue el primero creado por AMG desde cero (no era un motor mercedes modificado) diseñado para el primer vehículo que la división de vehículos deportivos realizaría, el SLS, la reinterpretación de 300 SL “Alas de Gaviota”.

Por eso este Clase C es muy especial, no sólo por su potencia o sus capacidades, sino que se trata del chasis más pequeño que equipó este motor, también del más ligero tras el SLS. Para montar el motor de 6.208 centímetros cúbicos en el Clase C se le resto algo de potencia, dejándolo en 457 CV y 600 Nm de par para la versión estándar, cifras bastante impresionantes a las que luego acompañaron un paquete performance y más de una versión especial que superaba los 500 CV de potencia. Otra curiosidad de este motor es que la disposición de su encendido es “americano” de ahí sus gorgoteos, pero las geometrías de sus cilindros son de carrera corta (102,2 X 94,6 mm). Lo primero favorece una cifra de par elevada y lo segundo que el motor pueda girar en regímenes superiores. El propulsor no sufre modificaciones mecánicas para montarse en este modelo por lo que la única forma de limitar la potencia es electrónica. Siempre mantienen una compresión de 11,3 a 1 y aportan la potencia máxima a 6.800 rpm, la gestión del sistema de distribución variable hace el resto.

El Clase C 63 AMG de 2008 (la unidad probada es de 2010) es por tanto el Clase C con mayor motorización que jamás se haya fabricado y el que, a nuestro juicio, equipa el motor más especial. Además se trata del vehículo más ligero que montó este motor (a excepción del SLS para el que fue creado). La consecuencia de este conjunto es algo similar a un Muscle car, una especie de “European Muscle car” que es lo que para nosotros significa AMG. Vehículos deportivos con plataformas excepcionales provistos de propulsores capaces de aportar fuerza bruta desde muy abajo.

Los Mercedes-Benz siempre se han caracterizado por un diseño sobrio, sin florituras, y este Clase C es el último que cumplía con estos requisitos, todo por las luces (todavía no equipa LED), y no es fácil distinguirlo de un Clase C normal aunque sus paragolpes específicos, las jorobas sobre el capó y prominentes salidas de escape lo delatan. También los frenos de seis pistones en el eje delantero y de cuatro en el trasero forman parte de los elementos por los que es distinguible de su hermano estándar.

Han pasado los años y esta unidad se ha mimado mecánicamente, es un coche de diario y no se puede decir que el interior haya tenido tantos cuidados, la tapicería da cuenta del tiempo y el uso; pero todo funciona: la pantalla del navegador sigue escondiéndose (está mucho mejor integrada que en el actual Clase C), los mandos mantienen el tacto característico de los Mercedes de hace 10 años, en los que aunque te subieses en el C tenías esa sensación de coche grande. Es interesante que no exista ningún modo “ECO”, sólo tenemos “Confort”, “Sport” y manual para el funcionamiento de la caja de cambios, tampoco existen más parámetros que toquetear.

El puesto de conducción es formidable, en él podemos estirar las piernas y llevas el respaldo muy recto, todo ello en unos asientos no aptos para personas de “huesos anchos” debido a la estrechez del respaldo, pero que sujetan formidablemente. Ante nosotros encontramos un cuadro típico de Mercedes con un gran velocímetro en el centro que incorpora una pantalla multifunción en su interior, a la izquierda de este el indicador del nivel de combustible y la temperatura del agua; a la derecha el cuentarrevoluciones que inicia el rojo por encima de las 7.000 rpm y que tiene una inscripción que reza “6.3-V8”. El volante de diseño sobrio incorpora unas levas pequeñas tras de sí y posee un grosor más que adecuado para el vehículo y el tipo de conducción para el que se destina. El toque “retro” lo pone, además del diseño, el freno de estacionamiento de pie.

Una vez giramos la llave, activamos el impresionante bramido del V8, reforzado por su característico encendido. La precisión del Clase C AMG se deja sentir en marcha, hasta entonces es todo bravura. Ya en movimiento a ritmos tranquilos se comporta como un dulce vehículo familiar con enormes reservas de par, pero no tenemos el trabajo de los ingenieros de AMG para felicitarnos por ello y debemos esperar a que el motor alcance la temperatura de servicio para poder hacer uso de este “reloj de cuco” que brama, aportando felicidad y drama a partes iguales (cosas de atmosféricos). Este empuja desde que se lo pedimos con contundencia y estira hasta el corte sin despeinarse.

La caja de cambios asociada utiliza un mecanismo de convertidor de par y tiene siete relaciones, es lo menos atractivo del C AMG debido al tiempo que emplea para cambiar de marcha, especialmente en aceleraciones fuertes. Algo comprensible teniendo en cuenta el propio mecanismo y la cantidad de par que se está empleando en esos momentos lo que favorece que exista cierto resbalamiento. Sorprende más en las reducciones dónde obedece de forma más precisa y los escapes nos regalan un petardeo bastante intenso cuando realizamos alguna reducción fuerte.

El equipo de frenos acompaña y mucho, las grandes pinzas y discos perforados detienen los 1.730 kilos de un modo formidable y permiten su dosificación con facilidad a pesar de tener un pedal algo más blando de lo deseable, el confort también debe existir en un modelo que poseía una factura de casi seis cifras. También la resistencia a la fatiga de este equipo es bastante elevada, no todos son capaces de frenar tantas veces seguidas sin perder propiedades. No existía versión con frenos carbonocerámicos pero el de origen cumple a la perfección con las exigencias que se le puedan pedir.

Podemos pensar que con 600 Nm de par y tracción en un único eje el coche es incontrolable sin los controles activados pero no sólo cuenta con un modo Sport el control de estabilidad, algo más permisivo, sino que también puede apagarse, entonces se disfruta. Continúa siendo un coche noble y capaz. El diferencial viscoso de deslizamiento limitado hace su trabajo y permite que salgamos de las curvas deslizando ligeramente la parte trasera, al tiempo que ayuda a mantener en todo momento el nivel de tracción óptimo sobre el asfalto. Se trata de esos coches que te hablan de forma constante, sabes dónde estás y qué está haciendo.

El Mercedes-Benz C63 AMG es del canto del cisne de los grandes motores sobre chasis pequeños, capaces a portar sensaciones, ser vehículos rápidos y efectivos, al tiempo que se pueden disfrutar en familia; deportividad a la vieja usanza con capacidad de ser compartida.

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