[Prueba] Ford Fiesta, renovación de un bestseller

El Ford Fiesta siempre ha sido una referencia dentro del segmento, además en España tiene una vida excepcionalmente larga y fructífera. Los vehículos utilitarios, con los que realizar las diferentes tareas diarias en la ciudad y capacidad para salir a carretera, están siendo sustituidos por los más pequeños de los SUV.

El Fiesta no es menos sensible a estas tendencias pero toca renovarse y lo ha hecho en profundidad. Este nuevo fiesta aprovecha y reajusta la plataforma existente incorporando una evolución en el diseño y nuevas tecnologías. La actualización del modelo llega de la mano de un nuevo exterior y de un nuevo interior, además las motorizaciones se renuevan o actualizan. En conjunto logran un nuevo modelo, polivalentes, agradable y fácil de utilizar.

Diseño: Reinterpretación

Como decíamos en la introducción el nuevo Ford Fiesta se construye sobre la plataforma de la generación precedente aunque sometida a una profunda revisión. Al tiempo los cánones estéticos de la firma del ovalo no han introducido ninguna modificación radical por lo que esta nueva generación del Fiesta mantiene cierta continuidad aunque es fácilmente interpretable como un modelo nuevo.

En su carrocería destaca un nuevo frontal en el que la parrilla toma más protagonismo, las ópticas adquieren mayor horizontalidad y estrenan luces de circulación diurna LED. La zaga recibe un nuevo diseño que se diferencia más de la generación saliente, las nuevas ópticas pasan a ser horizontales, lo que incrementa la sensación de anchura y aplomo sobre la carretera.

Los paneles se han ensamblado de forma precisa, lo que permite que la insonorización sea mejor. Las puertas mantienen un ángulo de apertura suficiente como para realizar la colocación de un niño en su sillita sin pelearnos con ella y, al mismo tiempo, son suficientemente cortas como para hacer posible su apertura en aparcamientos atestados.

Por su parte, el portón que da acceso al espacio de carga tiene buenas dimensiones e integra parte de las ópticas traseras. Este posee una apertura generosa pero, como en todos los compactos, se hace necesario dispones de cierto espacio hacia atrás para poder abrirlo por completo.

Interior: Bien ejecutado

El habitáculo del nuevo Fiesta, es un nuevo mundo, ha desaparecido el salpicadero con mil botones y una suerte de consola central algo intrusiva coronada por una pantalla de pequeñas dimensiones para dar paso a un salpicadero horizontal en el que destaca una pantalla central fija, poco integrada aunque con una función e apagado realmente práctica. Este nuevo salpicadero es más amigable y los controles presentes en el mismo son intuitivos y fáciles de usar. El climatizador, por ejemplo, es monozona pero realmente sencillo la única pega que podría sacarle es que la ruleta que controla la temperatura y la que controla la intensidad del ventilador están situadas de forma que es fácil confundirlas pasando de “modo auto” a quitar o poner el ventilador por error. De todos modos todo es acostumbrarse y esto es así porque la ruleta de la temperatura está en el lado derecho y son idénticas por lo que solemos utilizar la más cercana a nosotros.

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El puesto de conducción es bueno y tiene cierta “familiaridad Ford” todos los elementos se encuentran dónde es habitual en la marca americana. La posición de conducción se puede encontrar con facilidad dados los ajustes del asiento y la amplitud de los mismos en el volante. Lo que permite realizar trayectos de varias horas como si de un vehículo mayor se tratase.

La segunda fila de asientos está bien resuelta pero sus ocupantes están considerados como “viajeros de segunda”. Esto se debe a que casi todas las marcas optan por sacrificar calidad en los materiales destinados a ellas, y Ford sigue esta tendencia; los Plásticos son más duros y de tacto menos agradable.

Por su parte, el espacio de carga, muy correcto para un modelos de las dimensiones del Fiesta, es difícilmente aprovechable con maletas; pues han posicionado dos grandes soportes para una bandeja que impide que se introduzcan maletas de cabina de forma horizontal (así cabrían 4), por lo que debemos llevarlas en vertical. Por lo demás se trata de un espacio bien logrado con huecos laterales y una bandeja que enrasa la superficie de carga con la puerta y los asientos si los abatimos.

En general, el habitáculo del Ford Fiesta está muy conseguido, los mandos son agradables al tacto y el nuevo diseño destaca por ser mucho más funcional y agradable que el anterior. Además el espacio para los ocupantes es bueno y podremos transportar con facilidad las compras habituales. Lástima que las plazas traseras no mantengan la misma calidad en materiales que las delanteras y que no se haya optado por soportes menos intrusivos para la bandeja inferior del maletero; aunque en conjunto es un lugar agradable, práctico y fácil y usar.

Motor: Potente y suficiente

La unidad probada equipaba el propulsor diésel más potentes, un 1.5 TDCi de 120 CV. Se trata de un motor muy capaz que se asocia con una caja de cambios manual de seis relaciones. Este no llega a ser tan suave como su equivalente 1.0 EcoBoost pero mantiene una rumorosidad muy baja y se muestra llevo en todo el rango de revoluciones.

El tren motriz del Fiesta probado se muestra eficaz, capaz de transmitir con suficiencia la potencia al suelo y, sobre todo, fácil de utilizar.

La caja de cambios posee un mando de accionamiento suave y preciso con el que es difícil confundirse de marcha, el tacto del pedal del embrague también muestra está suavidad lo que lo convierte en ideal para un uso diario, conducción urbana e interurbana.

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Por otra parte, el propulsor de 120 CV de este Fiesta es más que suficiente para realizar escapadas por carretera, incluso para realizar algún viaje sin acabar cansados por la falta de respuesta. Además el escalonamiento de las relaciones del cambio permite mantenerlo siempre dentro del régimen óptimo de giro lo que facilita que mantengamos el nivel de consumo controlado.

Como es habitual desde la primera generación del “Forfi”, la potencia se transmite al suelo a través de las ruedas delanteras sin posibilidad, dentro de la gama Fiesta, de contar con sistemas de tracción integral.

 Comportamiento: Una Fiesta

El comportamiento del Ford Fiesta se define por su elevado dinamismo. La versión ST dará buena cuenta de ello. La versión probada se correspondía con el acabado Titanium, uno de los acabados que siempre se han llevado buena parte de las ventas.

Como cualquier vehículo pensado para la ciudad, se muestra blando, la asistencia a la dirección es muy elevada y transmite poca información a través del volante y, aunque transmite un buen nivel de seguridad y precisión, en los apoyos fuertes podemos sentir cómo “flota” el eje trasero. Es fácil sentir cuándo está apoyado, mostrando un ligero subviraje cuando se acerca al límite.

En autopista se muestra aplomado y eficaz, unido a sus equipamientos de seguridad lo convierten en un coche realmente agradable de conducir aunque su sensibilidad al viento lateral es elevada lo que nos hará estar muy atentos durante los adelantamientos a camiones o al pasar bajo puentes.

Las carreteras secundarias parecen ser su hogar, un espacio en el que nunca hace extraños y en el que se puede circular a buen ritmo sin perder la sensación de seguridad. Durante nuestra prueba hizo muy mal tiempo, obligándonos a atravesar pozas en la autopista y en diferentes carreteras, siempre sin sobresaltos.

La urbe es un terreno favorable al Fiesta pero me ha gustado más en carreteras secundarias, donde aprovechar su potente motor y caja de cambios. Dentro de la ciudad es destacable su buena visibilidad y el equipamiento en materia de seguridad activa.

Equipamiento: Completo

Esta nueva generación del Ford Fiesta es la primera en la que se introduce el asistente de precolisión con detección de peatones, que realiza una frenada automática en caso de que sea necesario evitando o minimizando los daños en una accidente. También incorpora active park assist con una función destinada al aparcamiento perpendicular y otra que frena el vehículo para evitar “besitos” al aparcar; reconocimiento de señales de tráfico y la automatización den la gestión de las luces de carretera, un sistema practico pero algo lento.

En total, el nuevo Ford Fiesta incluye 15 asistentes que ayudan al conductor en su día a día, estre ellos alerta de tráfico cruzado, limitador de velocidad, control de ángulo muerto, mantenimiento de carril o control de crucero adaptativo del cual nos parece digno de mencionar su funcionamiento, suave y agradable.

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En el apartado dedicado al infoentretenimiento, Ford ha optado por un sistema muy evolucionado SYNC 3, el cual permite al conductor manejar todas las funciones a través de comandos de voz. Además este sistema es compatible con Android Auto y Apple CarPlay y, el único del mercado que te permite accionar los comandos de voz del Smartphone a través del botón situado en el volante.

El sistema de sonido merece su propio apartado, firmado por B&O Play se ha creado de forma específica para este modelo, se compone de 10 altavoces y un subwoofer, además de altavoces para tonos medios. Además su presencia aporta un extra visual con los logos de B&O Play en aluminio.

Consumo: Razonable y contenido

El Ford Fiesta diésel más potente de la gama logra unos consumos muy ajustados que se corresponden con la media baja del segmento. Durante nuestra prueba con más de 1.200 km de conducción en todas áreas hemos obtenido una media cercana a los 5.0 litros de carburante necesario para recorrer 100 kilómetros.

Es ligeramente superior a al homologada pero dadas las malas condiciones meteorológicas que tuvimos durante toda la prueba no es nada descabellado que estas influyesen en la obtención de un registro superior.

Su mejor registro lo obtuvo en carreteras de segundo orden con velocidades sostenidas en torno a 90 km/h con 3,6 litros de carburante necesarios para cubrir 100 km, seguido por la autopista donde apenas sube de 4 litros pero que por las circunstancias antes comentadas superó los 5 litros, ya que tuvimos que circular en muchas zonas por debajo de los 70 km/h, esquivando las pozas formadas por el agua.

La ciudad es su peor registro, como es habitual en todos los coches de combustión, obteniendo unos muy favorables 5,2 litros de carburante necesarios para cubrir 100 km.

En total es fácil realizar un viaje de más de 600 kilómetros con el Fiesta completamente cargado, aunque muestra una sensibilidad bastante elevada a las condiciones eólicas. Logra situarse en la media baja de su segmento con tecnología y buen equipamiento.